sábado, 27 de mayo de 2017

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Ultimo minuto EEUU, YERNO DE TRUMP SERÁ INVESTIGADO, ESTA LA LUPA DEL FB...

Enfoques sobre la Parashá


Torá desde Jerusalem



Parashá Bamidbar - En el desierto

Libro Bamidbar / Números (1:1 a 4:20)
Enfoques sobre la Parashá

"En el desierto..." (Bamidbar 1:1)
¿Por qué la Torá fue dada específicamente en el desierto?  Porque así como el desierto es gratis -nadie va a quejarse si conduces dentro del desierto y te llevas dos toneladas de arena- así tambien la Torá es gratis:  Nadie va a impedirte venir, sentarte y estudiar tanta Torá como tengas ganas...
¿Por qué la Torá fue dada específicamente en el desierto?  Porque para que una persona aprenda Torá, debe liberarse de toda distracción.  Vaciarse hasta que quede desposeída como el desierto.
"UN MOMENTO, recién me dijeron en el párrafo anterior que la Torá es gratis.  Ahora me están diciendo que me va a costar todo lo que tengo, y que tengo que abandonar todo y ser como el desierto.  ¿Cuál es la respuesta cierta? "
"Son ambas; la Torá es libre, todo el mundo puede disfrutar de la incomparable fascinación intelectual de aprender Torá, pero si quieres que la Torá te cambie -te eleve y te refine-, entonces debes estar preparado para liberar tu vida de toda distracción y convertirte en un desierto para que la Torá florezca en él.
(Rab. Mordejai Perlman)


"En el desierto..." (Bamidbar 1:1)
¿Por qué la Torá fue dada específicamente en el desierto?  Las personas que viven en un área geográfica, por razones pragmáticas de sobrevivencia y un mutuo interés propio, tenderán a formar una sociedad.
En función de que esta sociedad funcione, una constitución será formulada, leyes promulgadas y elaboradas y una legislación complicada crecerá para cubrir las necesidades de cada posible situación.  Esto es el modelo histórico de cada nación excepto del Pueblo Judío.  Todos los otros pueblos que comienzan con una tierra y un sentido común de interés propio, solamente después desarrollan una constitución.  Sin embargo, la entrega de la Torá, la "constitución" del Pueblo Judío, antecede a su locación geográfica en la tierra de Israel.  Es por esto que la Torá fue entregada en el desierto, para mostrar que el propósito de vivir en Eretz Israel es para cumplir la Torá, y no viceversa.


"Y con vosotros estarán un hombre por cada tribu, cada hombre será la cabeza de su familia" (Bamidbar 1:4)
Un ignorante, el producto decepcionante de una línea distinguida de estudiosos, estaba presumiendo delante de un talmid jajam (sabio) que no tenía antecedentes de su familia de origen.
"La diferencia entre tú y yo", dijo el ignorante, "es que yo provengo de una familia de grandes rabinos y tú, en cambio, vienes de la nada".  "No", dijo el sabio, "la diferencia entre nosotros, es que tú eres el final de tu línea... mientras que yo soy el principio de la mía".
Así el versículo aquí nos enseña: "Cada hombre debe ser la cabeza de su familia".  La cabeza y no la cola.
(Mejelet Majshevet)


"Di-s habló a Moshé en el desierto...  Eleva (censa) a toda la congregación de los hijos de Israel..." (Bamidbar 1:1-2)
La parashá de esta semana es la primera parashá del cuarto libro de la Torá, Séfer Bamidbar.  El cuarto libro también se llama "Jumash HaPekudim", el libro de los Números, porque Israel es contado nuevamente.  Los países del mundo, acostumbran censar a la población para determinar el crecimiento y las necesidades de la sociedad.  Un censo, transforma a cada persona en un número. Rashi explica que el Pueblo Judío fue contado más de una vez "porque eran amados por Di-s y debido a eso Él los contaba constantemente".  Debido a que cada vida judía es tan valiosa para Di-s, la Torá utiliza la palabra "eleva" para expresar que el deseo de Di-s era que cada judío se sintiera especial.  Este censo "elevó" a cada judío.  Di-s no necesitaba  que Moshé fuera a contar al pueblo, pero fuimos contados para que cada judío supiera que tenía un propósito determinado en el mundo.
(Basado en Rabí Z.S. Suchard)


"Eleva (censa) a toda la congregación..." (Bamidbar 1:1-2)
Cuando el Pueblo de Israel se conduce de la manera apropiada, entonces el propósito de cada individuo se puede cumplir.  Para el Pueblo Judío en el desierto, esto significaba entrar a la Tierra de Israel rápidamente.  El censo de Di-s significaba el deseo de ver al Pueblo Judío en su estado más elevado.  Sin embargo, si no se comportaban de la manera apropiada, como una "Luz para las naciones", cuidando los mandamientos de Di-s, esta cuenta podría separarlos unos de los otros para la muerte.  De la misma manera, Yosef utilizó el término "elevará" para describir tanto el perdón del jefe de los coperos, como la muerte del jefe de los panaderos.
(Basado en el Rambán y el Seforno)


"Cuenta a los hijos de Leví... todo varón de un mes de edad en adelante habrás de contar' (Bamidbar 3:15).
La cuenta de los Levitas desde la temprana edad de treinta días (el mínimo periodo de tiempo para saber si un bebe puede sobrevivir) demuestra que la función de los Levitas va mucho más allá de su servicio en el Mishkan.  El servicio y cuidado del Mishkán durante los viajes y mientras acampaban solo empezaba a los treinta años de edad.  La cuenta desde pequeños demuestra que los Levitas tenían una función especial a parte del cuidado del Mishkán.  Esta era una función que podían cumplir a una edad más temprana, pero requería que toda su educación fuera dirigida hacia él.  Y efectivamente, la tribu de Leví no solo protegía y cuidaba el Mishkán, sino que también eran maestros de Torá y enseñaban cómo observarla.  Su misión era demostrar al pueblo que el cuidado de la "casa" de la Torá era responsabilidad de todos.  El Rambam nos dice que los Talmidei Jajamim (Sabios) son los Levitas de nuestro tiempo, y es por eso que debemos educar a nuestros hijos desde que nacen y cuidarlos a lo largo de su crecimiento y seguir cuidándolos aún después.
(Basado en los Rabinos S.R. Hirsh y Moshe Fainshtein)


"En el desierto..." (Bamidbar 1:1)
1. La desolación del desierto es eternamente la antítesis de la vida y la actividad.  El símbolo de la civilización, del flujo y la vitalidad de la vida, es la ciudad.  La ciudad está compuesta de casas, y las casas, de piedras.  Las palabras de una oración son como piedras.  Así como cada piedra por sí misma está desprovista de vida, pero, al combinarse una piedra con otra, se forma una casa, el medio de la vida y la vitalidad, lo mismo ocurre con las letras de la palabra.  Cuando están solas, no irradian luz ni vida.  No son más que piedras inertes.  Pero cuando se combinan, construyendo palabras y oraciones, frases y párrafos, irradian la luz del intelecto que le infunde vida al hombre, conduciéndolo y guiándolo.
"Con la palabra de Hashem, se hizo el cielo".  Todo el mundo fue creado con la combinación de las letras del Alef-bet hebreo.  Las letras y las palabras se expanden y dispersan por toda la faz de la tierra.  Si, a través de ellas, logramos reconocer y ver el hilo de divinidad que invade todo el mundo, si son como las cuentas de un collar, que revelan el hilo de divinidad que teje al mundo, entonces este ya no es un desierto de desolación, sino una populosa ciudad, vibrante de vida y de sentido. Pero si no comprendemos la escritura de la Mano Divina; si no hacemos ningún esfuerzo por ensamblar las letras de la existencia en palabras y oraciones, entonces el mundo es un desierto desolado.
Es como dos personas que leen en voz alta el mismo libro.  Uno lo lee con comprensión y con inteligencia, y el otro vomita las palabras sin sentido.  El primer lector enciende la luz de la sabiduría que hay dentro de las palabras; les da vida.  El segundo, lo único que tiene es una colección de piedras muertas.  El mundo es un gran libro.  Dichoso del que conoce la manera de leerlo y comprenderlo.
2. Igual que el enamorado tiene una obsesión con su amada, el verdadero estudiante de la Torá está obsesionado con su "amada": la Torá.  Ella ocupa sus pensamientos todo el tiempo, y no hay nada que le importe más que ella.  Él debe sentir que únicamente la Torá le da sentido a su vida, y que por ella está dispuesto a renunciar a todo el confort material de este mundo, a transformarse en un desierto, vacío y sin dueño.  Su alma tiene que ser el lienzo virgen sobre el cual la Torá habrá de pintar su paisaje.
La Torá nos fue dada en el desierto.  Y para absorberla con profundidad, para que ella pueda "regar" nuestra alma, debemos tener sed de su agua viva, igual que el hombre tiene sed de agua en el desierto.
Debemos ser humildes como el desierto; olvidar todos nuestros conceptos previos, y estar dispuestos a renunciar a nuestros deseos materiales y a los efectos distorsionadores de la pasión. Porque recién cuando permitamos que la Torá moldee nuestros procesos mentales, recién entonces Hashem abrirá nuestros ojos al mundo real.
(Adaptado de Rabí Shlomó Yosef Zevin Torá U Moadim)
3. Cada año, en la fiesta de Shavuot, el pueblo judío recibe nuevamente la Torá.  El Shabat previo a Shavuot nos preparamos para tal evento.  Históricamente hablando, el Shabat nos fue dado antes que la Torá, y fue el poder del Shabat el que nos condujo hacia el Sinai.  Pues el Shabat crea la unidad en el pueblo judío.  Y la unidad del pueblo es prerrequisito para recibir la Torá.  Al sentarnos juntos a la mesa del Shabat como hermanos, como una gran familia, estamos recreando esa misma unidad que fue necesaria para recibir al Torá en el Sinai.
Si la unidad que crea el Shabat es un modo de prepararnos para recibir la Torá, otro modo más es el renunciamiento del Shabat: en vez de sentirnos "llenos de nosotros mismos", nos transformamos en un desierto, vacío de toda preocupación o interés, excepto el deseo de cumplir con la voluntad de Hashem.  Todos y cada uno de los judíos poseen esa capacidad de renunciamiento, que cada Shabat encuentra expresión en el cese de la melajá (trabajo creativo).  Por consiguiente, el Shabat es un preludio necesario para recibir la Torá.  Tal como dice la Hagadá de Pésaj: "Y Él nos dio el  Shabat y Él nos acercó al Monte Sinai".
(Sfat Emet)


"Y la Tienda de la Reunión viajaba en el campamento de Leví en medio de los campamentos..." (Bamidbar 2:17)
Entra a cualquier sinagoga.  ¿En qué lugar se encuentra la bimá, el gran atril en el que se lee la Torá?  En el centro. 
¿Por qué no está a un costado?  Cuando los Hijos de Israel viajaban por el desierto, la Tienda de la Reunión viajaba dentro del campamento de Leví, que estaba justo en el centro del campamento.  La Tienda de la Reunión se encontraba allí debido a que dentro de la Tienda de la Reunión estaba el Arón, el Arca Sagrada donde se guardaba la Torá. 
La Torá tiene que estar en el centro.  No está más cerca de una persona que de otra, ni más lejos de una persona que de otra.  Cualquier judío puede estar tan cerca de la Torá como cualquier otro. 
Del mismo modo, el Árbol de la Vida estaba plantado en el centro del Jardín del Edén.  La Torá es llamada el Árbol de la Vida a aquellos que la sostienen.  Las manijas con las que la asimos se llaman "Etz ha Jaim", el Árbol de la Vida.  Las manijas están en el centro de cada uno de los   rollos, así como el Árbol de la Vida estaba en el centro del Jardín del Edén.  Y la Torá es el centro de la vida del judío.  Si la mueve a un costado, relegándola a ser un pasatiempo de fin de semana, pierde todo el equilibrio y sentido de la vida.  El materialismo enseguida se encarga de llenar el vacío que quedo al dejar "a un lado" a la Torá. 
La Torá exige concentración.  Debemos concentrarla en el centro de nuestra vida.  Pues ella es el corazón de nuestra fe.  Y así como del corazón surge la vida misma, por lo que su sitio se encuentra en el centro del cuerpo, la Torá se encontraba en el centro de los campamentos de Israel.  El corazón bombea la sangre a todas las extremidades del cuerpo por igual, sin discriminación, sustentando así a todos los miembros.  La Torá Sagrada bombea la fuerza vital del judaísmo a todos los miembros del pueblo judío, sin discriminación, no importa quienes sean. 
(Jafetz Jaim) 
Shabat Shalom.

Comentario sobre la Parashá Bamidbar



Torá desde Jerusalem



Parashá Bamidbar- En el desierto

Libro Bamidbar / Números (1:1 a 4:20)


Comentario sobre la Parashá

“Haced el censo de toda la Congregación...” (Bamidbar 1:2)
Una vez más nos comenta la Parashá sobre la obligación del censo, no solamente del pueblo de Israel sino de cada tribu, así como de cada jefe de familia.
El orden, la pertenencia familiar son valores intrínsecos de la Torá.  Nos dijo Rashi: siempre que el pueblo se demostró disconforme e idólatra, encontramos desorden dentro del mismo.  Cuarenta años andarán por el desierto, todos ordenados bajo la bandera de su tribu y dentro de la tribu bajo la pertenencia familiar con responsables, guardias y jueces para cada diez, cincuenta, cien y mil miembros.
¡Qué orden!, el que nos expresa la Torá.  Cada diez mayores tenían un juez y él mismo subyugado al de cincuenta, y así al de cien hasta llegar al de mil y de ahí a la Gran Asamblea de ancianos. Quién se puede imaginar algo así hoy en día, en una ciudad donde la población que el pueblo de Israel tenía en el desierto era de dos millones de miembros.
Gran parte de nuestra realidad cotidiana donde cada vez nos encontramos con más realidades marginadas: drogas, robos, asesinatos, bajos fondos, no ocurrirían si el mundo aceptara la realidad de la Torá.  La democracia como el menor de los males se demuestra impotente frente a las grandes fuerzas de intereses que gobiernan la sociedad.  La libre economía que tiene casi todo permitido con tal de vender, que no perdona valores ni permite limitaciones, ha llevado a una realidad de contradicciones insoportables: nos incentiva al consumo de cosas y efectos negativos como el cigarrillo y otros placeres, pero nos lo prohíbe en ciertos lugares, ciertas edades..., nos coloca en una lucha continua entre el intelecto y el deseo.
El gobierno de las masas elegibles cada cierto número de años ha hecho irresponsables a quienes nos tienen que dirigir y nos han llevado a la realidad en la que nos encontramos.  Donde no existe sino intereses y gobierno, y donde ideales y valores suenan anticuados, donde el pueblo se siente impotente y apático y apenas ejerce su única obligación: la de elegir a quien lo represente.
La Torá nos enseñó un sistema piramidal donde el ejemplo personal es la piedra de base donde la sabiduría y el conocimiento son los peldaños, donde la experiencia y la edad son la garantía.  De juez de diez llegará al de cincuenta, y éste al de cien y de ahí llegará al de mil y entonces, después de esa larga experiencia de responsabilidad, ejemplo y entrega por el público con la conciencia de la importancia de sus hechos y de su trascendencia, podremos encontrarnos con dirigentes como Moshé Rabenu o el profeta Samuel o el Rey David o Rabí Yehuda Hanasí, etc.  Una casi interminable lista de grandes hombres inteligentes y responsables concientes de su obligación que no solamente dirigieron a su pueblo sino que a la cabeza del mismo los guiaron pudiendo decir, en los últimos días de sus vidas: ¿Acaso os pedí un animal para transportarme?
Cercanos a Shavuot, nuestra Parashá Bamidbar nos recuerda la importancia de la identidad, la pertenencia a la tribu y en general a nuestro pueblo; el mensaje de responsabilidad para con nuestra obligación: “Y seréis un pueblo de sacerdotes”.  “Cohanim en su obligación.  Levitas en sus puestos e Israel en sus lugares”, todo ordenado.  Ni el Cohén puede denegar de su lugar, ni el Leví puede ocupar su puesto.
¡Orden, orden y más orden!.
¡No hay libertad sino para el que se dedica al estudio, al conocimiento!.
La expresión “freedom” tan escuchada por los jóvenes, en especial, y generalmente mal entendida por los mismos no nos permite ser esclavos de las pasiones, sino la libertad verdadera es la de quien gobierna las mismas y las controla.
¿Quién es el valiente?  “El que controla sus pasiones” dijeron nuestros Sabios en el Pirké Avot.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

Parashá Bamidbar - En el desierto


Torá desde Jerusalem



Parashá Bamidbar - En el desierto

Libro Bamidbar / Números (1:1 a 4:20)


Comentario sobre la Parashá

“En el desierto del Sinai...” (Bamidbar 1:1)
La parashá Bamidbar, enseña que la Torá nos fue entregada en el desierto, un lugar sin valor donde el oro y el diamante pierden su importancia al lado del agua, donde solamente lo que verdaderamente tiene importancia, es apreciado. 
Así dijo Rabí Pinjás Ben Yair: “Esta es la norma de la Torá, pan con sal comerás, agua medida beberás, en el suelo dormirás y a la Torá te dedicarás, si así haces bendito seas y disfrutarás de ello”.
¡Qué preámbulo tan duro el de la Torá!.  ¿Así quiere atraernos al estudio de la Torá?.  No hubiera sido más atractivo de convencernos de los beneficios de quien se dedica a estudiar y cumplir, que advertirnos sobre cuál es el camino necesario para llegar a ella.
La Torá no es un libro de consejos ni un manual de uso; es mucho más, ¡es la vida en sí misma!. Así como la vida empieza con una gota mal oliente y termina en un lugar de hormigas y gusanos, no puede ser que su trayecto sea tan brillante como lo queremos imaginar, noches de luces y fuegos artificiales, música y bailes.
Mi gran maestro el Rab. Shalom Cohen Shefadron Z”L, comentaba que cuando en los años treinta llegó por primera vez el cine a Jerusalem, atraído por la gran publicidad que se le dio al evento, se acercó al patio donde se ofrecía la actuación, y al ver a todos que se esforzaban en ver a lo lejos y en la oscuridad, quiso encender una linterna para ver mejor, a lo que todos le gritaron que en el cine cuanto más luz menos se ve.  Entonces entendió el gran Rabino la esencia del modernismo, ¡cuanto más luz, menos se ve!.  La luz, la que me permite ver la verdad molesta a la falsedad de la imaginación.
El Monte de Sinai fue elegido para que en él sea entregada la Torá, por esa condición de sencillez, casi ni sobresalía de sobre la faz de la tierra y en el desierto, donde las fantasías pierden su valor.
Cuarenta años anduvo el Pueblo de Israel por el desierto; podemos imaginarnos con qué envidia miraba el rico al pobre, ese rico que salió de Egipto con muebles, bienes, joyas, oro, dinero…  Los muebles se hundían por su peso en la fina arena del desierto, bienes, joyas, oro... ¿Quién disfruta de ellos en un viaje de cuarenta años?  Dinero que podía servir para comprar, si nada tenía precio, excepto el maná que caía gratis todos los días.  Mientras que el pobre camina feliz sin cargas ni preocupaciones, asegurado que Quien le dio de comer hoy le dará de comer mañana.
Inversiones, cuentas de ahorro, seguros de vida, seguro de… cientos de estados de cuentas nos envuelven semanalmente para asegurarnos nuestra situación y no nos encontramos seguros.  La duda es parte de nuestra realidad pues queremos asegurar nuestras vidas en cosas pasajeras y ficticias.
Dijeron nuestros Sabios: “No hay alegría como el esclarecimiento de la duda”.  La duda es la fuente de la preocupación y de la falta de alegría.  La verdad y el conocimiento son la alegría en sí.  Por eso dijeron, ese es el camino de la Torá, pan con sal comerás.  No hay quien abandone esta vida con la mitad de sus deseos cumplidos, el niño sueña con sus zapatitos nuevos y el papá con su chalet.  El que tiene cien quiere doscientos y el que tiene doscientos quiere cuatrocientos, por lo que el pobre es más rico que el propio rico, ya que le falta menos que al último.
“Y hablo Hashem a Moshé en el desierto…”.  En el desierto es fácil escuchar la voz del Eterno, no hay sueños que me molesten, ahí puedo vivir la realidad.  Sencillez, suficiencia y conceptos claros son la fuente de la bendición.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón



Torá desde Jerusalem



Parashá Bamidbar - En el desierto

Libro Bamidbar / Números (1:1 a 4:20)
Resumen de la Parashá

En esta parashá, primera del libro Bamidbar, habiendo transcurrido trece meses desde la salida de Egipto, el Eterno ordena a Moshé y a Aharón realizar un censo de toda la congregación de Israel, tomando en consideración a los varones mayores de veinte y hasta sesenta años.  Eran todos los aptos para cumplir sus obligaciones con el ejército. 
De acuerdo con este censo, la cifra de varones para cumplir el servicio del ejército, era de seiscientos mil quinientos cincuenta hombres.  Fueron censadas las tribus de Reubén, Shimeón, Gad, Yehudá, Issajar, Zebulún, Iosef (por sus hijos Efraim y Menashé), Binyamín, Dan, Aser y Neftalí.  La tribu de Leví fue excluida del censo ya que su misión era cumplir funciones en el Mishkán.
El Todopoderoso indicó cómo debía ubicarse físicamente cada tribu, respecto al Mishkán.  Así al oriente del Santuario, debían acampar las tribus de Yehudá, Issajar y Zebulún.  Hacia el sur debían acampar las tribus de Reubén, Shimeón y Gad.  Hacia el occidente, las tribus de Efraim, Menashé y Biniamín.  Hacia el norte las tribus de Dan, Aser y Neftalí.  El campamento tenía forma de cuadrilátero y el Mishkán en el centro.
Posteriormente, El Eterno ordenó a Moshé censar a los primogénitos los que luego fueron sustituidos por los levitas y también detalló las obligaciones de los hijos de Kehat (de la tribu de Leví) para el Santuario. 


CIERRE DEL SHABAT - SABADO 27/05/2017 A LAS 19HS ARGENTINA

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